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09 Mar 2026

José Manuel Moya: “La federación es la siguiente fase natural: el siguiente salto es optimizar a nivel agregado, aprovechando las características de cada centro de datos”

José Manuel Moya: “La federación es la siguiente fase natural: el siguiente salto es optimizar a nivel agregado, aprovechando las características de cada centro de datos”

José Manuel Moya es Profesor Contratado Doctor en el Departamento de Ingeniería Electrónica de la Universidad Politécnica de Madrid, con más de 25 años de experiencia en docencia e investigación en infraestructuras digitales y sistemas ciberfísicos. Su trayectoria científica se centra en la eficiencia energética de centros de datos, la operación de infraestructuras críticas basada en datos y la computación distribuida y Edge. Ha dirigido 12 tesis doctorales, publicado más de 100 trabajos internacionales y liderado proyectos competitivos y de transferencia en colaboración con empresas tecnológicas de referencia. Fue Director del CeSViMa, centro de computación de altas prestaciones de la UPM, y actualmente lidera el área de eficiencia energética en centros de datos del Centro de Simulación Computacional. Combina investigación, transferencia industrial y visión estratégica para impulsar una evolución sistémica de la infraestructura digital europea.

 

En su presentación en LinkedIn sostiene que Europa no puede cumplir sus compromisos digitales y climáticos con el modelo operativo actual. ¿Qué es exactamente lo que no escala del modelo de infraestructura que utilizamos hoy?

Es una buena pregunta, porque la frase puede sonar provocadora. Lo primero que quiero aclarar es que no creo que el problema sea tecnológico. Europa ha construido centros de datos técnicamente extraordinarios. De hecho, Europa ha sido pionera en incorporar la eficiencia energética como criterio estructural en el diseño y operación de centros de datos. El problema es más sutil. Es operativo.

He trabajado con infraestructuras donde el nivel técnico es altísimo, pero cuando empiezas a mirar con lupa el comportamiento real del sistema te das cuenta de que optimizamos variables aisladas, no el conjunto.

Optimizar el PUE (Power Usage Effectiveness), por ejemplo, fue una revolución en su momento. Pero hoy he visto centros con PUE excelentes que están operando con menos del 30% de utilización real de su capacidad IT. Eso significa que tienes una máquina muy eficiente… Pero funcionando a medio gas. Desde fuera parece perfecto. Desde dentro, no tanto.

Otro ejemplo muy claro: medimos el consumo eléctrico con precisión milimétrica, pero rara vez sabemos qué calidad térmica tiene el calor que expulsamos. En algunos proyectos en los que he participado, cuando modelamos el calor residual descubrimos que podría haber sido aprovechado en redes urbanas si se hubiera diseñado desde el principio con esa lógica.

El modelo actual está diseñado para optimizar piezas. Y lo que viene ahora, con la IA, con la electrificación masiva, con la integración de renovables, exige optimizar el comportamiento sistémico. Y eso no es una crítica. Es una evolución natural. Cada etapa del sector ha tenido su foco. Ahora el foco tiene que ampliarse.

 

España suele presentarse como un país con gran potencial en infraestructuras digitales. ¿Qué falta para dejar de ser una promesa y convertirse en un mercado verdaderamente maduro?

España es un caso muy interesante: tiene una penetración renovable altísima, una conectividad submarina excelente, espacio físico para crecer y una posición geoestratégica privilegiada entre Europa, África y América. Eso no lo tiene todo el mundo. Pero el reto no es técnico, es estructural.

La generación de renovables ha crecido de forma impresionante en los últimos años. Sin embargo, la red, el almacenamiento y la planificación coordinada no han evolucionado con la misma velocidad. Eso genera tensiones y, a veces, sensación de incertidumbre.

He tenido conversaciones con operadores que están dispuestos a invertir cientos de millones y cuya mayor preocupación no es el mercado ni la demanda, sino la previsibilidad del acceso a la red eléctrica. No es un problema de capacidad total. Es un problema de sincronización.

Y aquí es donde creo que España tiene una oportunidad histórica. Si somos capaces de planificar conjuntamente nuevos nodos digitales, refuerzos de red, almacenamiento y participación activa de grandes consumidores como los centros de datos, podemos convertir esa aparente limitación en una ventaja competitiva real.

No sería la primera vez que España lidera en integración de renovables. Podríamos liderar también en integración digital-energética.

 

¿El principal freno al desarrollo del sector es la inversión, la regulación o un modelo operativo que ya no responde a las nuevas demandas de IA y resiliencia?

Sinceramente, la inversión no es el problema. El capital está ahí. El interés por invertir en infraestructura digital es enorme. La regulación tampoco es el enemigo. De hecho, muchas veces está intentando ordenar un crecimiento muy rápido. El verdadero cambio está en la naturaleza de la carga.

La IA ha cambiado completamente el perfil energético de los centros de datos. Estamos hablando de racks de 50, 80 o incluso 100 kW. Refrigeración líquida. Picos de carga que cambian en segundos. Necesidades de potencia que se acercan más a una planta industrial que a un CPD tradicional.

Si operamos con herramientas y modelos mentales pensados para el cloud de hace diez años, nos vamos a quedar cortos. Aquí hay una carrera silenciosa que ya está empezando: quién domine la operación avanzada, la integración energética y la eficiencia real va a ser el socio preferente de la nueva generación de cargas IA. Lo interesante es que esto no es una amenaza para el sector. Es una oportunidad para evolucionar.

Durante años se ha utilizado el PUE como referencia. ¿Sigue siendo suficiente?

El PUE fue absolutamente necesario. Fue el lenguaje común que permitió que el sector se tomara en serio la eficiencia. Pero hoy es solo el principio de la conversación.

Un centro puede tener un PUE de 1.2 y estar operando muy por debajo de su capacidad real. ¿Es eficiente? Sí, desde una perspectiva muy concreta. ¿Es óptimo desde el punto de vista sistémico? No necesariamente.

Ahora tenemos que empezar a hablar de utilización real, de eficiencia digital por unidad de servicio, de energía renovable horaria (no solo anual), de reutilización efectiva de calor y de capacidad de interactuar con la red. El propio marco europeo, con la EED[1] y el Reglamento Delegado[2], ya está empujando en esa dirección.

Y creo que eso es positivo. Significa que estamos madurando.

 

Usted habla de infraestructuras que funcionen como un sistema. ¿Qué implica eso en la práctica?

Cuando hablo de sistema no me refiero a algo abstracto. Me refiero a algo muy concreto que he visto muchas veces en la práctica.

En muchos centros de datos la información está fragmentada. El equipo de infraestructura tiene sus métricas para potencia y sus métricas para refrigeración. El equipo IT otras distintas. Cada uno optimiza lo suyo. Y todos lo hacen bien. Pero el conjunto no siempre está optimizado.

Operar como sistema significa empezar a tomar decisiones cruzadas. Por ejemplo, si el comportamiento real de las cargas de trabajo indica que ciertos picos son previsibles, la refrigeración puede anticiparse en lugar de reaccionar. Si sabemos que la red eléctrica va a estar tensionada en una franja horaria concreta, el centro puede modular ciertas cargas no críticas o coordinarse con el almacenamiento de energía. Si el calor residual tiene una calidad térmica suficiente, se puede diseñar desde el principio una integración con redes urbanas. Eso exige tres cosas: observabilidad integral, modelado dinámico y capacidad de decisión basada en datos reales.

He visto proyectos donde simplemente al integrar las capas eléctrica, térmica y de utilización IT en un mismo modelo se descubren ineficiencias invisibles hasta ese momento. Cuando eso ocurre, el centro deja de ser un edificio muy eficiente y se convierte en una plataforma energética inteligente. Y ese salto es enorme.

 

¿Observabilidad total y control predictivo son aspiracionales o ya necesarios?

Son necesarios. Y voy a dar un paso más: no son solo necesarios, son estratégicos. El centro de datos es, en realidad, una máquina de generar datos: datos eléctricos, datos térmicos, datos de utilización IT, datos de comportamiento dinámico, datos de interacción con la red. Y, sin embargo, muchas veces tratamos esos datos como subproducto técnico, no como activo estratégico.

En la nueva era de la IA, con integración renovable, con reporting estructurado bajo la EED y el Reglamento Delegado, los datos operativos se convierten probablemente en el activo más valioso del centro de datos. Porque son los únicos que permiten optimizar la utilización real, anticipar riesgos, ofrecer flexibilidad a la red, demostrar sostenibilidad verificable y tomar decisiones basadas en comportamiento real, no en supuestos de diseño.

Pero aquí viene la parte más exigente: esto no es solo tecnología. Es organización.

Aprovechar ese activo implica romper silos. Implica que energía, IT y operación trabajen con una visión común. Implica incorporar capacidades analíticas reales. Implica cambiar la cultura interna.

He visto centros que quieren hablar de eficiencia sistémica… Y cuando miras la telemetría real tienen dos sensores por pasillo frío y ninguno que relacione comportamiento térmico con carga IT en tiempo real. Con ese nivel de visibilidad, no estás optimizando. Estás estimando. Y estimar puede funcionar cuando las cargas son estables. Pero con la IA, con densidades altas y con integración renovable, operar por estimación es asumir riesgo.

Lo interesante es que cuando empiezas a densificar la medición de forma inteligente, el modelo cambia por completo. De repente aparecen patrones, se identifican ineficiencias ocultas, se optimizan setpoints con datos reales, se descubre capacidad infrautilizada sin necesidad de ampliar potencia contratada.

Y ahí es cuando entiendes que el verdadero activo no es el sensor en sí. Es la capacidad de interpretar el dato. Y éste es solo el primer paso, las posibilidades que se abren a partir de ahí son enormes.

Y es que durante años hemos diseñado centros de datos para soportar el peor escenario posible, pero ahora tenemos que aprender a operarlos según el escenario real, que es ahora más variable y cada vez más impredecible.

 

¿Está el sector preparado para la regulación europea o hay brecha?

Existe brecha, sí. Y es normal. la regulación está evolucionando más rápido que muchos modelos operativos heredados. Durante años el foco estuvo en disponibilidad y coste. Ahora el foco incluye trazabilidad energética, huella hídrica, reutilización de calor, integración con la red.

Pero veo algo positivo en esto: La regulación está obligando al sector a estructurar datos y a profesionalizar aún más la operación. Quien invierta ahora en sistemas de medición coherentes y en capacidad analítica no solo cumplirá. Tendrá ventaja competitiva.

He hablado con operadores que inicialmente veían el reporting como una carga. Después de estructurar su información descubrieron oportunidades de optimización que no habían detectado antes. La transparencia bien gestionada no es una amenaza. Es una herramienta estratégica.

 

Con la explosión de la IA, ¿está preparado el sistema eléctrico español?

Esta es una de las preguntas más complejas. España tiene una penetración renovable extraordinaria. Eso es una fortaleza enorme. Pero también implica que la red requiere más flexibilidad, más almacenamiento y mejor planificación.

El Real Decreto 1183/2020 regula el acceso y la conexión, pero la clave no está solo en la norma. Está en la anticipación.

El sistema eléctrico puede soportar crecimiento digital, pero necesita sincronización entre planificación energética y planificación digital.

Si la nueva demanda digital se planifica conjuntamente con refuerzos de red y almacenamiento, el resultado puede ser muy potente. Si no, aparecerán tensiones y retrasos.

Yo lo veo así: la digitalización y la transición energética no son procesos separados. Son el mismo proceso desde dos perspectivas distintas. Si entendemos eso, España puede convertirse en un modelo exportable de integración renovable-digital.

 

¿Qué tecnologías energéticas son realmente viables a largo plazo?

Creo que estamos entrando en una transición por fases. Y es importante entender que no todo ocurre al mismo tiempo.

Primera fase: renovables, almacenamiento y gestión inteligente de la demanda. Es la base. Sin eso no hay conversación posible. Electrificación limpia, almacenamiento para estabilizar, y capacidad de desplazar carga de forma inteligente. Esa fase ya está en marcha.

Pero la segunda fase es más interesante: la colaboración, la federación de recursos. Hoy cada centro de datos optimiza dentro de su perímetro. El siguiente salto es optimizar a nivel agregado, aprovechando las características de cada centro de datos en cuanto a capacidades de generación y almacenamiento de energía, capacidades de computación y capacidades de comunicación, e incluso las diferencias en los contratos de electricidad.

Primero dentro de la misma organización: federar centros, redistribuir cargas en función de disponibilidad renovable, precio horario, latencia o criticidad. Eso ya es posible técnicamente.

Pero si vamos un paso más allá, ¿por qué no habilitar colaboración efectiva entre organizaciones? No hablo de compartir secretos. Hablo de compartir capacidad o flexibilidad bajo reglas claras y beneficios mutuos. Si varias empresas pudieran coordinar parte de su carga no crítica, podríamos suavizar picos, reducir inversión redundante y mejorar eficiencia sistémica.

La federación es la siguiente fase natural. Pasar de optimización local a optimización global.

Y luego viene la tercera fase, que es la más transformadora: rediseñar el propio modelo de centro de datos.

Estamos llegando al límite de la arquitectura tradicional. La refrigeración directa al chip es una solución de transición para soportar la densidad creciente de la IA. Pero tecnologías como la inmersión bifásica abren la puerta a algo más profundo: diseñar bloques altamente optimizados para aplicaciones específicas. Eso nos permite avanzar hacia centros de datos construidos como un sistema de piezas tipo lego, bloques especializados, intercambiables y optimizados para su función concreta.

Si a eso le añadimos modelos de renting estructurados, podemos dar tres vidas útiles a la infraestructura IT: 1) aplicaciones de máxima exigencia (IA intensiva, simulación avanzada); 2) entornos menos críticos (universidades, investigación aplicada, servicios públicos); y 3) contextos con mayor presión financiera o menor criticidad (países en desarrollo, digitalización básica).

En un modelo federado, esa transición no es un parche. Es parte del diseño. Eso mejora el retorno económico, sí. Pero también mejora la circularidad real, reduce presión material y amplía el impacto social.

Resumiendo:

  • Energía limpia e inteligente.
  • Federación y colaboración sistémica.
  • Infraestructura modular, especializada y circular.

La sostenibilidad a largo plazo no es solo una cuestión de kilovatios verdes. Es una cuestión de arquitectura sistémica. Y creo que estamos justo en el momento en que esa conversación empieza a ser posible.

 

Si tuviera que señalar una prioridad absoluta para una infraestructura digital europea fuerte y soberana, ¿cuál sería?

La prioridad es muy clara para mí: integrar. Integrar datos operativos reales en la toma de decisiones. Integrar centros de datos con la red eléctrica. Integrar planificación digital y planificación energética. Integrar eficiencia económica y eficiencia ambiental.

Europa tiene talento técnico, tiene capital, tiene necesidad estratégica. Lo que falta, en muchos casos, es coordinación transversal. No necesitamos más discurso. Necesitamos sistemas que funcionen como sistemas. Y, si soy honesto, creo que estamos en un momento apasionante porque por primera vez la infraestructura digital está en el centro del debate energético, económico y geopolítico. Eso no es una carga. Es una responsabilidad histórica y también es una oportunidad enorme para quienes quieran liderar la siguiente etapa.

Esa integración solo es posible si entendemos que el activo más valioso del centro de datos no es el edificio ni la potencia instalada. Son los datos operativos. Sin ellos no hay optimización real, no hay federación efectiva y no hay arquitectura sistémica.

 

[1] Directiva (UE) 2023/1791, http://data.europa.eu/eli/dir/2023/1791/oj

[2] Reglamento Delegado (UE) 2024/1364, http://data.europa.eu/eli/reg_del/2024/1364/oj

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